Descomposición o cremación de cadáveres contaminan el suelo y la atmósfera

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Una de las actividades humanas que contribuye a la contaminación del suelo y de la atmósfera es el entierro o la cremación de cadáveres, que pueden contribuir a la contaminación del agua y a la liberación de CO2 respectivamente.

Una investigación de la Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá, Colombia, afirma que la descomposición de los cadáveres en los cementerios contiene lixiviado, un material que contiene sustancias peligrosas como putrescina y cadaverina, microorganismos patógenos, metales pesados, isótopos radiactivos y dioxinas que pueden pasar a través del suelo y llegar a las aguas subterráneas.

Entre las sustancias tóxicas que destila el cuerpo humano puede haber compuestos a base de carbono, amoniaco, cloruro, sulfato, sodio, potasio o los restos de tratamientos químicos hospitalarios como la quimioterapia, como explica La Vanguardia.

En las ciudades en las que las lluvias no son recurrentes el problema se agrava, pues no hay suficientes corrientes de agua que arrastren los lixiviados y los contaminantes se mantienen en el suelo, propiciando la contaminación de los pocos depósitos de agua subterránea que surten de agua potable a la población, como explican las autoras de la investigación Aurora Velasco Rivera y Yudy Marlevis Minota Zea, profesionales de Ingeniería Civil de la universidad.

Además de los cadáveres, en el caso de los entierros, los ataúdes también contribuyen a la contaminación del suelo mediante la volatilización de sustancias tóxicas como barnices y disolventes, y por elementos como el zinc y el plomo.

Por su parte, la incineración también supone una contaminación significativa. Según informa El Diario, “para incinerar un cuerpo se precisan temperaturas superiores a 800º C en un horno crematorio, además de 20 litros de aceite y medio kilo de carbón activado para filtrar posibles emisiones contaminantes o de metales pesados. Por otro lado, incluso así se emiten a la atmósfera más de 27 kilos de CO2 por cuerpo incinerado”.

Las cenizas también contienen altas tasas de metales pesados como el mercurio, y en el caso de las prótesis que no se queman también suponen contaminación por tratarse de un residuo sólido. Y la idea de tirar las cenizas a mares, ríos y lagos no es conveniente para estos ecosistemas.

Una de las soluciones a la contaminación que generan el cuerpo humano en descomposición es la adaptación de los espacios en los cementerios con “un un sistema interno de drenaje, para capturar los lixiviados y proceder a su tratamiento”, explica el documento, agregando que debería aplicarse también un revestimiento interior en concreto dentro de las fosas “que permitiera el uso de sustancias químicas o biológicas para acelerar la degradación de los cuerpos”.

Otra solución viable es la Ley que recientemente aplicó Jay Inslee, el gobernador de Washington, Estados Unidos, que permite el compostaje humano como alternativa ecológica por encima del entierro y la cremación.

De acuerdo a CNN, esta Ley entrará en vigencia en mayo del 2020, y tiene la intención de llevar a cabo prácticas de eliminación de cuerpos humanos en descomposición más amigables con el medio ambiente, como explica el patrocinador del proyecto de ley, el senador estatal Jamie Pedersen.

La Presidenta Ejecutiva de la compañía de compostaje humano Recompose, Katrina Spade, le explica al portal el proceso de compostaje humano: “(El) cuerpo está cubierto de materiales naturales, como paja o astillas de madera, y en el transcurso de unas tres a siete semanas, gracias a la actividad microbiana, se descompone en el suelo”.

Durante este proceso, los familiares pueden visitar el cuerpo, y una vez convertido en compost pueden llevárselo y decidir qué hacer con él.

Source:Fuente: Agencia Uno\Foto: Agencia Uno
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