Convictus: las ingeniosas lámparas que reducen y reutilizan residuos sólidos

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Convictus es un emprendimiento que se dedica a salvar la chatarra metálica para convertirla en lámparas creativas. Hasta la fecha, han logrado reutilizar más de 3 toneladas de residuos metálicos desde su nacimiento en 2017, evitando el fundido del metal mediante el proceso de reciclaje.

Convictus nace a partir de una situación monetaria en la que se encontraban sus fundadores, Daniela y Matías, antes de encontrar en la basura una oportunidad de ingreso.

“La gente en general cree que primero fue una motivación sustentable, pero en verdad fue porque no teníamos un peso”, le comenta Daniela a Agencia uno. Agrega que al ver que la basura era un recurso que podían empezar a trabajar sin dinero, y al transformarlo sí le empezaron a dar un sentido sustentable.

Desde marzo del 2017 los fundadores de Convictus se han dedicado completamente a esta labor, y hasta el 2019 han logrado salvar de la chatarra 3 toneladas de basura metálica con la construcción de 450 lámparas a lo largo de dos años de trabajo continuo. Durante el 2017 construyeron 150 lámparas, número que fue duplicado durante el 2018.

“Afortunadamente hemos llegado a todo Chile”, asegura Matías, “tenemos lámparas en la Isla de Pascua, le entregamos a unos arquitectos en Puerto Natales, y de a poquito esperamos llegar al mundo”.

Gracias al Capital Semilla que se ganaron, un fondo concursable de Sercotec que apoya económicamente nuevos proyectos con oportunidad de participar en el mercado, pudieron comprar las principales máquinas con las que trabajan actualmente. Y próximamente contarán con el apoyo de algunas empresas que se han interesado en este emprendimiento.

Existen tres tipos de rescate de la chatarra metálica dentro de las 3R (Reducir, Reutilizar, Reciclar), y Daniela nos explica que “primero debería ser reducir, que todos deberíamos consumir menos para no tirar tanto desecho, de ahí viene reutilizar que es lo que hacemos nosotros, y la chatarrería lo que hace es reciclar, pero hay un proceso energético productivo que transforma la materia en otra cosa, entonces nosotros tratamos de intervenir antes de ese proceso”.

Y para esto, entre los materiales que usan están partes de bicicleta, partes de autos, partes de máquinas “y cualquier cosa que tenga potencial de ser lámpara”, comenta Daniela, como “madera, robles de demolición, y de repente algunas cosas distintas como frascos y algunas piezas plásticas que hacen de la lámpara una pieza única”.

El equipo compuesto por esta pareja que desde que crearon la empresa se han convertido en artesanos, recopila toda su materia prima a través de recolectores y en chatarrerías, principalmente en la sucursal de Romerelli de La Pintana, en donde llegan camiones con metales industriales y recolectores que trabajan individualmente con sus carros recogiendo chatarra desechada por desarmadurías y otros locales comerciales.

Los “recicladores base”, como los llaman Daniela y Matías, son una fuente principal de materiales importantes para la construcción de las lámparas, por eso ellos también trabajan directamente con los recolectores de la comuna donde tienen el taller.

Los centros de acopio venden la chatarra por kilo. Ellos compran la chatarra que llevan los recolectores y los camiones y la revenden a Convictus o a cualquier persona que vaya a comprar para fines personales.

Los desperdicios metálicos no sólo significan contaminación por abundancia de residuos sólidos, este tipo de material también desprende partículas finas que se alojan en el organismo de seres humanos y animales.

En el caso de los metales pesados como los automóviles, al ser desarmados “afectan más directamente al suelo con las derivadas de la transformación mecánica del automóvil (liberación de fluidos del vehículo y producción de virutas y recortes de mecanizado), el posterior almacenamiento de sus productos que puede provocar la infiltración de taladrinas y aceite de mecanizado, y la eliminación de algunas fracciones del vehículo por combustión incontrolada”, según un estudio de la Revista de Metalurgia llamado Impacto ambiental por metales pesados en suelos y plantas del entorno de un depósito de chatarra procedente de automóviles de desguace.

Entre los metales que contaminan el suelo: cadmio, cobre, cromo, níquel, plomo y cinc, principalmente cadmio, plomo y cinc. En cuanto al plomo, cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirman:

– El plomo se distribuye por el organismo hasta alcanzar el cerebro, el hígado, los riñones y los huesos y se deposita en dientes y huesos, donde se va acumulando con el paso del tiempo

– El plomo presente en los huesos es liberado hacia la sangre durante el embarazo y se convierte en una fuente de exposición para el feto

– No existe un nivel de exposición al plomo que pueda considerarse seguro

La explotación minera, las actividades de fabricación, el uso constante de pinturas y gasolina con plomo son algunas de las actividades que propician la liberación del plomo, así como la metalurgia y el reciclaje, según la organización.

“También puede contener plomo el agua potable canalizada a través de tuberías de plomo o con soldadura a base de este metal. En la actualidad, buena parte del plomo comercializado en los mercados mundiales se obtiene por medio del reciclaje”.

Otro informe de la Revista de Metalurgia llamado Industrias de fundición: aspectos ambientales e indicadores de condición ambiental, confirma que en el proceso de fundición, los Indicadores de Condición Ambiental (ICA), “se relacionarían primordialmente con las emisiones gaseosas (material particulado y otros contaminantes atmosféricos) y con residuos sólidos, fundamentalmente arenas de descarte y escorias”.

Además de significar la contaminación atmosférica, acarrean problemas secundarios como la generación de emisiones difusas, olores, humos, ruido por la maquinaria de fabricación y transporte que causan molestias.

Source:Fuente: Agencia Uno\Foto: Agencia Uno
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